Filipinas: visitando una comunidad indígena

Han pasado ya unos días desde que nos despedimos de la gente de la comunidad de Dumagat, cerca de Tanay, en la región de Rizal. Es difícil plasmar con palabras la experiencia que vivimos allí. Ahora me encuentro lejos de ese rincón perdido en las montañas, ya que hace 2 días cogí un vuelo para venir a la isla de Siargao. Esta será mi última parada antes de cambiar de país.

Cuando empecé este proyecto, no esperaba que el comienzo fuera tan perfecto. Desde casa todo se ve muy sencillo, pero una vez aquí todo se puede complicar. ¿Dónde voy a comprar el material? ¿Cómo voy a transportarlo? Te surgen muchas dudas en el camino y al final la solución siempre está en preguntar a la gente local. Supongo que tuve suerte de encontrar a Kevin del Prado, un chico Filipino que leyó mi proyecto y se interesó por él. Kevin y su grupo tienen un proyecto que se llama “Color Your Life”. Su objetivo es visitar comunidades, ya sea indígenas o remotas, para promover el arte entre los niños, despertar su creatividad y ayudarles a explorar su potencial mediante actividades artísticas. Desde un principio nos entendimos muy bien y decidimos colaborar juntos. Además, febrero era el mes del arte en Filipinas y habían planificado un proyecto en esta comunidad que encajaba perfectamente con el mío. El plan era pasar 2 días conviviendo con ellos y organizar talleres de arte con los niños. Por mi parte, compraría material escolar, juguetes y también ayudaría con la organización.

A veces, cuando sabes que algo tiene que salir bien, parece que el universo conspire para que así acabe siendo. Una de las actividades que habíamos pensado para hacer con los niños era un mural donde los pequeños mostrarían su creatividad con pintura y desarrollando una temática, en este caso la amistad. La idea era que la mitad del mural la hicieran niños de una escuela en Cataluña, y la otra mitad la terminarían los niños de la comunidad en Filipinas. Lo gracioso es que en la escuela donde trabaja mi hermana la temática del año era “la vuelta al mundo”, que es justamente lo que iba a hacer yo. Así que todo el puzle parecía resolverse solo. Antes de empezar mi viaje, visité la escuela Santa Creu d’Anglesola y expliqué a los niños la aventura que iba a empezar unos días más tarde. Ellos empezaron el mural y me lo llevé a Filipinas, donde los niños de la comunidad de Dumagat lo terminaron. En esta foto podéis ver el resultado:

El inicio de mi viaje fueron unas vacaciones con amigos en las cuales visitamos varias islas y disfrutamos, de forma mas turística, de este increíble país. Pero de alguna forma, mi aventura iba a empezar el 21 de febrero, cuando me despediría de ellos para iniciar mi viaje en solitario. Lo gracioso es que aún, hasta día de hoy, no me he encontrado ni un día entero solo. Mike, un amigo que conocí viajando en Irán el verano pasado, y el cual ha estado viajando desde Julio de 2018, cambió sus planes y se vino a Filipinas a pasar unas semanas. La idea del proyecto le gustó y no dudó en subirse al barco para ayudarnos. Así, después de un rencuentro emotivo en Manila, quedamos con el equipo de Color Your Life y fuimos a comprar el material para los niños. No fue fácil decidir la cantidad a comprar y además no sabíamos exactamente cuantos niños habría. Normalmente iban a ser unos 80. Al final decidimos comprar material para unos 100 niños. Nos dirigimos al mercado local de Makati, y compramos lo siguiente:

          200 libretas à 2150 pesos (10,75 pesos cada libreta)

          18 docenas de lápices à 630 pesos (35 pesos una docena)

          200 bolígrafos à 600 pesos (150 pesos una caja de 50 bolígrafos)

          Gomas de borrar à 300 pesos (4 cajas de 30)

          Sacapuntasà 140 pesos (4 cajas de 24)

          9 docenas de estuchesà 972 pesos (108 pesos la docena)

          Pistolas de aguaà 340 pesos (17 pesos cada una)

          10 Pelotas de goma à 160 pesos (16 pesos cada una)

          25 juego consola agua à425 pesos (17 pesos cada una)

          Inflador pelotas à 90 pesos

          Comida à 500 pesos (compramos algunas galletas, zumos, etc)

 En total gasté 6307 pesos, que con el cambio de ese momento corresponde a 108,7€. En las siguientes imágenes podéis ver las facturas y el material:

 

Esa noche nos invitaron a casa de la familia de Sam, una de las chicas del proyecto. Nos recibieron con los brazos abiertos. Cenamos como reyes y después tuve mi primera experiencia en Filipinas con el Karaoke. Aquí es muy popular y es muy normal oír música por la calle hasta bien entrada la noche. Cantar no es que se me dé muy bien…pero aquí no importa, nadie tiene vergüenza cuando le dan el micro en la mano y de alguna forma te incitan a dejarte llevar. Después de una noche de karaoke y cervezas, emprendimos el viaje a Tanay. En Filipinas, aunque la distancia que tengas que recorrer sea poca en Km, el trayecto se demora mucho ya que las carreteras no están en buenas condiciones y además hay mucho tráfico. Nos costó unas 4 o 5 horas llegar y una vez allí, tuvimos que andar una media hora para llegar a la aldea.

Nos recibió el “líder” de la comunidad y nos condujo a un edificio medio en ruinas, la iglesia, que sería nuestro “centro de operaciones”, a parte de nuestra habitación para esa noche.

Los niños van de lunes a viernes al colegio en un pueblo de la zona y tardan 1 hora andando, más otra para regresar. Como era sábado, los niños ya se encontraban allí junto con las madres. Los padres trabajan todos los días con trabajos muy temporales y apenas se les ve por el pueblo. Cuando nos vieron llegar, vinieron rápidamente a saludarnos y no paraban de decir “hello, hello!”. Al instante conectas con ellos, ya que sus miradas están llenas de inocencia y bondad.

Esa noche habían montado una improvisada pista de baile. Nos dijeron que estaban intentando recolectar dinero para poder comprar un generador de energía, con el que abastecer mejor la aldea con electricidad. Hasta ese momento solo disponían de una placa solar, que solo les daba para un poco de luz. Así que después de cenar, pagamos los 40 pesos (unos 80 céntimos de euro) que costaba la “entrada” y bailamos un poco música latina y reggaetón (sí, yo también me sorprendí, no tienen internet y viven casi sin luz, pero tenían todos los éxitos recientes).

La noche fue dura porque apenas dormimos 1 hora. Entre el frío, el suelo duro de la iglesia (no teníamos ni colchones ni nada) y la música que se alargó hasta las 3 de la mañana, no había quien pegara ojo. Al final nos rendimos y nos levantamos pronto para aprovechar el día. Cuando llegaron los demás voluntarios, reunimos a los niños y empezamos las actividades. Aquí podéis ver algunas imágenes de las actividades que hicimos:

La barrera del idioma no fue un problema en ningún momento. Es verdad que a veces te gustaría poder charlar más con los niños y la gente local, pero te acabas entendiendo. Uno de los mejores momentos de esos dos días que pasamos con ellos, fue cuando les entregamos los juguetes. Se volvieron locos de alegría y evidentemente, empezó una guerra de pistolas de agua:

Aunque fue una experiencia corta, fue sumamente intensa. Y por esta razón, al despedirnos todos teníamos un sentimiento agridulce. Pero todo lo que nos llevamos y vivimos, nadie nos los va a quitar.

Orfanato Mahay Aruga

Unos días más tarde, tenía previsto visitar este orfanato en Manila, que acoge a niños enfermos de cáncer. No había nada muy planificado. Solo sabíamos más o menos el material que necesitaban (básicamente pañales y comida) y que teníamos que presentarnos allí sobre las 3 de la tarde. Fuimos a comprar en un supermercado cerca del orfanato, el cual se encontraba en la zona de Makati, y cargados hasta arriba nos dirigimos al orfanato. En total me gasté 3690 pesos, unos 63,6 €:

Al llegar, resultó que la directora no se encontraba allí. Normalmente nos teníamos que reunir con ella e imaginábamos que nos explicaría cómo nació el orfanato, cómo funcionan, a cuántos niños acogen…en fin, lo normal. Pero en lugar de eso nos recibieron 2 chicas muy jóvenes que ayudaban a los niños y no sabían muy bien qué hacer. En un momento dado, llamaron a unos cuantos niños y los hicieron sentar a nuestro lado para que nos hiciéramos fotos con ellos. Nos sentimos muy incómodos ya que lo último que queríamos era molestar e incomodar a los niños. Así que después de entregares el material e intentar hablar un poco con los niños, nos despedimos de ellos y nos marchamos con una sensación rara. Espero que al menos, les fuese de gran ayuda el material.

Fueron unos días intensos y sin mucho descanso. La isla de Siargao parecía el lugar perfecto para relajarse y cerrar mi estancia en Filipinas. Mi plan inicial era estar 3 semanas en este país. Al final, alargaré a un mes, apurando la visa gratuita de 30 días. Realmente cuesta dejar este país tan increíble, pero el siguiente destino no le tiene nada que envidiar. En unos días me iré a Bali, Indonesia. ¡Hasta pronto!

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