Indonesia: ONG Kupu Kupu en la isla de Bali

Llegué a Bali (Indonesia) exhausto después de un viaje desde Filipinas que se hizo eterno. La razón fue que decidí dormir en el aeropuerto de Cebú, movido por la necesidad de empezar a gastar menos dinero (me pasé un poquito de presupuesto en Filipinas) y la pereza que me daba ir a la ciudad a dormir, con el horrible tráfico que hay día tras día. Después de pasar una noche en Denpasar, en uno de los peores hostales en los que he estado, me dirigí a Canggu, uno de las ciudades – o pueblo mejor dicho – más de moda de Bali. Solo pisar Indonesia, y durante el primer día, varias personas ya me habían dicho que el día siguiente era especial. Se celebraba el Nyepi o día del silencio. Esta fecha, 7 de marzo, es uno de los días más importantes dentro del calendario balinés, ya que se celebra la entrada del nuevo año. La isla se paraliza: todo está cerrado. Y cuando digo todo me refiero a absolutamente todo: tiendas, canales de televisión, Internet…y hasta el aeropuerto! La gente se queda encerrada en casa y no puede ni salir a la calle porque hay personas patrullando vigilando que todos cumplen las normas. Eso es lo que hicimos en el hostal donde me hospedaba, y la verdad que fue un día entretenido. Coincidimos un buen grupo de viajeros y reinaba un ambiente muy guai. Pasamos el día jugando a cartas y hablando de nuestros viajes mientras afuera llovía a cántaros, cosa que nos reconfortaba.

Pasé los 2 días siguientes en Canggu visitando la parte sur de Bali con la moto que alquilé (sin moto no puedes hacer prácticamente nada) y también tuve la oportunidad de ver a Annika, una amiga alemana que vive en Bali. Mi siguiente destino sería Ubud, un pueblo en el centro de la isla del que todo el mundo hablaba muy bien. Además, allí  visitaría la ONG Kupu Kupu, organización que lleva muchos años operativa y que da ayuda a niños con discapacidad. 

Llegué a Ubud con curiosidad de saber por qué una ciudad del centro, sin playa y en una isla famosa por su costa, tiene tan buenas opiniones entre viajeros. En Ubud fue la primera vez que utilicé la plataforma Couchsurfing para encontrar dónde dormir. Normalmente me gusta combinar los hostales, donde es fácil conocer gente nueva, y Couchsurfing, que te permite entrar en contacto con gente local. Ling, una chica china que vive desde hace meses en Bali, me hospedó las 3 noches siguientes. Mi estancia con Ling fue, en cierta forma, inspiradora. Como la mayoría de veces que conozco “couchsurfers”. Supongo que el hecho de compartir pasiones y formas parecidas de pensar, te hacen conectar rápidamente con estas personas.

El primer día en Ubud cogí la moto y me fui a descubrir templos, lagos y cascadas que había por la zona. Aunque hice en total más de 100 km, valió la pena el esfuerzo. Son paisajes que te quitan el aliento.

El día siguiente iba a visitar por fin la ONG. La que hace posible que esa nave llegue a buen puerto, es Begoña Lopez, una mujer que hace unos 20 años decidió mudarse a Bali. Después de vivir un voluntariado en esta isla y darse cuenta de la ayuda que faltaba en la zona, decidieron crear esta ONG para mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes con discapacidades físicas y psíquicas. Fueron unos inicios duros pero poco a poco todo fue arrancando. La ONG tiene la base en Vitoria, y es de su ayuntamiento de quien reciben parte de las subvenciones. En el año 2002, crearon el centro en el pueblo de Ubud, y en el 2004 la tienda con la que pueden generar algo de ingresos gracias a la venta de objetos artesanales que fabrican los niños. Como todo marchaba bien y cumplían con lo prometido, pudieron crear otro centro en Bangli en el año 2009. 

Desde el primer momento que contacté a Begoña para explicarle mi proyecto y decirle que quería visitarles, se mostró muy entusiasmada y me ayudó en todo lo que pudo. Me presenté a las 10h30 de la mañana en el centro y me reuní con ellos. Estuvimos hablando un rato para ver como podíamos organizar el día. En el local de Bangli estaban arreglando la fachada de el edificio y renovando el muro, así que Begoña sugirió que fuera allí porque sería de más ayuda. Además necesitaban comprar material y en esto yo podía ayudar.

El marido de Begoña me acompañó a Bangli en moto y pasé la mayor parte del día allí. Al llegar, uno de los niños se abalanzó sobre mi y no se separó en todo el rato de mi lado. Al cabo de un rato y después de hablar con “Alep” (no estoy seguro de cómo se escribe) de las necesidades materiales más urgentes que tenían, nos fuimos de compras. Lo primero fue intentar encontrar una escalera plegable que necesitaban para poder pintar la parte superior de la fachada. Estuvimos conduciendo de un lado para otro de la ciudad para encontrar una que nos saliera bien de precio. Finalmente, después de un buen rato, encontramos lo que buscábamos. Tuvimos que negociar un poco el precio. Creo que eso es algo que estoy aprendiendo desde que empecé a viajar, siempre te tienes que “pelear” para acordar un precio justo (aunque “justo” sea muy subjetivo). Además aprovechamos para comprar un grifo para la ducha que lo tenían roto.

Volvimos al local para descargar el material y tuve tiempo para jugar un rato con los niños y ayudar a pintar un poco la fachada. Después me invitaron a comer y más tarde nos fuimos a comprar tablas de madera que necesitaban para arreglar los armarios, que estaban en muy mal estado. 

En total, me gasté 1.220.000 rupias que son 75,6€.

Sobre las 16h me llevaron de vuelta a Ubud donde me reuní otra vez con Begoña para ver que más podía comprar. Necesitaban renovar material de la cocina así que nos dirigimos al supermercado. Me quedé impresionado de su dominio del indonesio cuando hablaba con las dependientas. Evidentemente el hecho de vivir desde hace tantos años en Bali y estar casada con alguien de allí, le ha permitido adaptarse a una nueva cultura más fácilmente, pero aún así me impresionó la naturalidad con la que se desenvolvía. Begoña me explicó que en Bali tienen otra lengua diferente del indonesio y que no se parece en nada a esta. Algo parecido al castellano y el vasco, que no tienen nada que ver. Las escuelas en Bali son en indonesio pero dan la asignatura de balinés. La mayoría de la población habla las dos lenguas aunque se puede encontrar gente mayor que solo hable balinés.

Después de un rato decidiendo qué comprar, nos decidimos por un termo, una sartén y una olla. En total me gasté 877.500 rupias, es decir 54,40€:

Volvimos al local y nos sentamos para hablar un poco. Begoña me contó cómo fueron los inicios de la ONG y qué la movió para fundarla. No sé muy bien lo que pasa por la cabeza de alguien cuando se plantea este tipo de decisiones. Pero sí que estoy seguro que es un sacrificio enorme y admiro muchísimo su valentía. La historia de la ONG Kupu Kupu es, sin ninguna duda, exitosa. Espero y deseo que les vaya muy bien en el futuro y que ayuden a muchos niños más. Desde aquí me gustaría agradecer a Begoña y a sus compañeros por el trato recibido y por ayudarme tanto en mi corta pero intensa estancia allí. Mucha suerte!

Después de esa experiencia que me llenó de buenas sensaciones, me fui a pasar unos días a la isla de Nusa Penida. Lo mejor de viajar solo es que puedes cambiar de planes cuando quieras y tienes plena libertad para decidir lo que te apetece hacer. Nusa Penida no estaba en la ruta que había pensado hacer pero me habían hablado muy bien de este lugar. Así que el día siguiente, cogí un ferry desde Padangbai, una ciudad situada a la costa este de Bali, y me fui a pasar 3 días en esta isla. Tuve la suerte de conocer a Oriol y María, dos catalanes con los que he pasado estos últimos días descubriendo la isla y riéndonos, riéndonos mucho. Llevo ya casi mes y medio viajando y voy sumando despedidas. Una de las cosas buenas de viajar es sin duda la gente que te encuentras en el camino. Una de las que menos me gusta, decir adiós a gente tan genial.

Próximo destino: Lombok!

2 comentarios sobre “Indonesia: ONG Kupu Kupu en la isla de Bali

  1. COLETTE DOUCES Contestar

    Hola Joel, mucha suerte. Te leo con interés, placer y quizas un toque de envidia. Buen viaje! Hasta la proxima. Colette.

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