ONG Nepal Sonríe

Poco a poco y a medida que pasan los días, Nepal me va absorbiendo. No sé si es la comida (la mejor para mi gusto desde que he empezado mi viaje), el cariño de la gente o el caos general que parece tener cierto orden. Estos días, circulando entre montañas por carreteras – o caminos – llenas de baches y medio asfaltadas, he podido admirar los paisajes tan drásticamente diferentes en comparación con el sudeste asiático. He tenido también tiempo de maldecir a más de un conductor que, hablando por teléfono, adelantaba a camiones mientras sujetaba el volante con una mano  y los demás tripulantes rezábamos para que no viniera ningún vehículo en dirección contraria. Lo bonito es que al final, siempre llegas sano y salvo (toco madera) y me río de la situación horas después.

Regresé de Pokhara a Katmandú, donde hice una parada a boxes, antes de dirigirme hacia Hetauda, una ciudad a 80km al sur de la capital de Nepal. Hacía días que hablaba con la ONG española Nepal Sonríe, que está ubicada en Bastipur, un pequeño pueblo al lado de Hetauda. Me invitaron a pasar dos días con ellos para que conociera cómo funcionan y me hiciera una idea de primera mano del trabajo que hacen en el terreno.

Martina, la nueva coordinadora, que lleva apenas dos semanas en Nepal, me recibió con los brazos abiertos y me hizo una introducción del trabajo que hace Nepal Sonríe. Ya en Bastipur, tuve el placer de conocer al resto de miembros de esta familia que se encuentran ahora en Nepal. El grupo lo forman 2 personas con una estancia de larga duración – 5 meses máximo por restricciones de visado – y 4 o 5 voluntarios, dependiendo de las necesidades y los proyectos que se estén llevando a cabo. Además, en España hay otras personas de la junta directiva que están implicadas de forma constante sin ningún tipo de retribución económica.

Los voluntarios de la ONG viven en una casa alquilada en Bastipur, a escasos metros de la escuela donde también trabajan. Ahora mismo están centrados en diferentes proyectos: educación, centro de rehabilitación alcohólicos y drogadictos, acuaponía…

El primer día que estuve con ellos coincidió que era mi cumpleaños. Y qué mejor que celebrarlo con gente que te transporta a casa… Hasta me cantaron feliz cumpleaños, no me puedo quejar! Esa misma tarde también fuimos a la escuela y estuvimos un rato con los niños que hacen refuerzo escolar. Había planificada una actividad de colaboración con una escuela de Leganés, con la cual los niños intercambiaban dibujos y se presentaban en 2 o 3 líneas. Todo esto en la distancia evidentemente. Los dibujos de los niños españoles llegaron en una caja y la idea era hacer lo mismo aquí, para enviarlo a España.

El día siguiente fuimos a visitar el centro de rehabilitación para la adicción al alcohol y otras drogas. Es un centro situado en Hetauda, que acoge a unas 40 personas, entre ellas hombres, adolescentes y algún niño. El programa dura un total de 6 meses al final del cual hay un plan de reinserción laboral, que se ha puesto en marcha hace poco. Este proyecto, que les ayuda y guía en la búsqueda de trabajo, es clave para su integración en la sociedad. Aunque hace poco que lo han lanzado, son optimistas en cuanto a sus resultados y ven interés por parte de los internos.

Estuvimos un rato visitando el centro y viendo su funcionamiento. Una de las cosas que te llama la atención es la cantidad de mensajes motivacionales que hay pintados por las paredes. Son citas que pueden ayudarlos a canalizar su energía de forma positiva. Aunque como una de las frases que se leía en uno de los muros: la única persona que puede salvarte…eres tú.

Esa misma mañana habíamos discutido qué podía comprar para la ONG con parte del dinero de las donaciones que recaudo desde que empezó mi proyecto. Necesitaban material escolar y una webcam y micro para que las profesoras hicieran Skype con una persona del equipo en España. Los ordenadores que tenían eran tan viejos que se tenían que armar de paciencia infinita para trabajar y además no disponían de cámara. Nos dirigimos a la calle comercial de Hetauda para hacer las compras. En algún momento de las idas y venidas que hicimos con Martina para encontrar el material, me planteé comprar un portátil nuevo para la escuela. Desde que empecé mi proyecto, una de las cosas más difíciles, está siendo el decidir cuánto dinero destinar a cada escuela, ONG u otro centro que visito. La realidad es que yo no soy nadie para decidir qué es más urgente o quién tiene una necesidad más grande. Me guío por lo que me transmite cada centro que visito y lo que veo con mis ojos. Decidimos preguntar precios y sopesar después la opción de comprar o quedarnos con la webcam. Al final, aunque me gasté más que en ningún otro proyecto, consideré que la cantidad era aceptable ya que aún tengo fondos suficientes para comprar material en otros lugares durante varios meses y además era consciente de la gran ayuda que les podía brindar. El material escolar no era tan urgente ya que ya disponían de lo mas básico y es un material más asequible.

Así que después de un buen rato esperando para que nos instalaran el paquete Office y antivirus, y un tira y afloja negociando un mejor precio con el vendedor, salimos contentos de la tienda con el portátil en brazos. No obstante el universo quería, de alguna forma, ponérnoslo difícil y se puso a llover a cántaros. Lo mejor que se nos ocurrió fue vestir a la caja con mi chubasquero y resguardarnos debajo una tienda callejera de ropa. Finalmente y después de pasar unos momentos estresados bajo la lluvia temiendo que se mojara el “niño” que acabábamos de comprar, llegamos medio mojados a la casa de la ONG.

Para mí, la mayor satisfacción fue ver la reacción de las profesoras cuando les entregué su regalo. Solo con esto ya supe que había tomado la buena decisión.

El portátil les permitirá seguir aprendiendo informática y las ayudará en el trabajo de su día a día además de poder comunicarse con el equipo de España. También compré una alfombrillas para el ratón de los ordenadores. En total me gasté 31500 rupias que son 254€.

Por la tarde, participé en una actividad con los niños de la escuela. Un centro de excursionismo español hará una donación a la ONG y querían que los niños hicieran dibujos relacionados con las montañas y que escribieran algunas líneas para conocerlos. Después Adela, una de las voluntarias, les sacó una foto a cada uno para enviarlas con el dibujo. Y hay que decirlo, algunos sabían posar como auténticos modelos!

Fue una experiencia corta pero altamente gratificante y tengo la sensación que volveremos a cruzar caminos. La mañana siguiente me levanté a las 5 de la mañana para coger una furgoneta que me llevaría de vuelta a Katmandú, donde me encuentro ahora.

Mañana es ya día 25, y tengo un vuelo hacia Lukla, el pueblo desde donde empieza el treking al campo base del Everest. Dicen que es el aeropuerto más peligroso del mundo…creo que mirar vídeos de YouTube no me ha ayudado a calmar mis nervios. Pero mis ganas de empezar el treking son aún mayores. Alessio, mi amigo italiano con el que tenía que hacer el treking, no ha podido unirse por causas desafortunadas. Pero compartiré esta aventura con Xema, su amigo.

Hoy es día de preparación y últimas compras de material para este desafío, que durará casi dos semanas.

Con suerte, nos vemos a la vuelta!

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