Reflexión sobre el 2019, Australia y lo que viene…

Queda muy poco para terminar este 2019 y creí oportuno escribir sobre todo lo que me ha pasado este último año. Ya no solo para dar noticias después de estar un tiempo desaparecido, sino también como un acto personal de reflexión y autoconocimiento.

Tengo la sensación que he vivido en 11 meses toda una vida. Creo sinceramente que este año ha sido el mejor de mi vida. O al menos, el periodo en el que he vivido más intensamente y siendo más fiel a mi mismo. A mis valores, a mi forma de pensar. Creo que la mejor forma de conseguir eso, es viajando. Porque nos alejamos del sistema en el que vivimos, en el que es casi imposible no sentirse arrastrado por esa corriente de avaricia y consumo continuo. Viajando de mochilero te alejas de todo eso. Te imaginas levantarte y no tener más preocupaciones que las de decidir qué comer, dónde dormir y cómo ir de un lugar a otro? Esto era mi día a día viajando en Asia. Viviendo así, consigues disfrutar genuinamente del camino. Vives, en el sentido más amplio de la palabra. Consigues apreciar los detalles que te brinda la vida. El amanecer con el cantar de los gallos, un buen café, una cama después de días durmiendo en otras superficies, una ducha caliente, conversaciones con desconocidos, amaneceres de película, etc. Algunas de estas cosas, en nuestra vida dirigida por la rutina y las obligaciones diarias, las damos por supuestas y en consecuencia, dejamos de darles el valor que realmente tienen.

Cuando decidí dejar el trabajo en enero para perseguir mi sueño, dar la vuelta al mundo, intuía que serían unos meses importantes para mi desarrollo personal, pero nunca pensé que serían tan significativos. Nunca me planteé cuándo volver o qué vida llevar después del viaje. Creo que es mejor así ya que es un proceso de autodescubrimiento y seguramente mis objetivos cambian y también mis ambiciones. Me fui con una única idea, disfrutar del camino dejándome llevar y estando siempre abierto a las oportunidades que me pondría delante el universo. Y así fue…

Así fue como aprendí que la gente que menos tiene, más generosa es. Esto fue un descubrimiento que a la vez se convirtió en una crítica a nuestra sociedad. En el viaje, me han invitado a comer familias muy pobres, que no dudaron en ofrecerme su infinita hospitalidad. Cuando esto ocurría, siempre ofrecía pagar, pero nunca, nunca, aceptaron nada. Me desconté ya de las veces que me invitaron a dormir en sus casas, que me dieron comida o simplemente una botella de agua fría cuando me veían hacer autostop al lado de la carretera bajo un sol abrasador. Haríamos lo mismo nosotros? Ofreceríamos cama a un desconocido? Lo invitaríamos a nuestra casa para comer? Seguramente no. Y antes yo tampoco lo haría, contaminado por la desconfianza hacia los desconocido en la que crecemos. Ahora, sin duda, sería el primero recoger a un autostopista y agradecería hospedar a un viajero para disfrutar del relato de sus aventuras.

Así fue también como me di cuenta que las personas, en su gran mayoría, son buenas. Y que una sonrisa vale más que cualquier palabra. Y es que a veces es imposible tener una conversación fluida con alguien por la barrera de los idiomas. Pero si te regalan una sonrisa, confías al instante. ¿Cuántas veces he compartido viajes con gente que tuvo la amabilidad de recogerme en la carretera y nos contamos la vida a través de signos? Quizá para conseguir entender ese camionero, que quería explicarme que estaba casado y tenía 4 hijos, necesitábamos media hora de intercambios de signos y onomatopeyas, pero la satisfacción del final no tenía precio. En muchos de esos viajes me di cuenta que, vengamos donde vengamos, y a pesar de haber crecido en lugares culturalmente y físicamente muy diferentes, todos queremos lo mismo: vivir felices y que todos nuestros seres queridos estén sanos.

Así también fue como aprendí que los prejuicios se matan viajando. Siempre me acordaré de esa noche en un pueblo en la costa sureste de Myanmar, en el que me abofeteó la realidad. Salí a cenar al night market, con un chico australiano que había conocido en el hostal. Había estado lloviendo todo el día y fue la sola oportunidad que tuvimos de salir. Después de cenar, se puso a llover otra vez. Solo teníamos un paraguas, y como él era básicamente el doble de alto que yo, estábamos destinados a mojarnos sí o sí. Aceptando este hecho, nos pusimos a andar bajo la lluvia, y a los 5 minutos uno moto paró a nuestro lado. Un hombre nos ofrecía subir en su moto para llevarnos al hostal. Mi amigo, empapado, se subió. Yo quise preguntar cuánto nos costaría pero al llover con la intensidad que lo estaba haciendo me subí igualmente. En esos 10 minutos que duró de trayecto, lo único que pensaba era en cuánto dinero nos pediría. Seguro que se quería aprovechar de esos dos turistas. La sorpresa fue mía cuando al llegar, nos dio la mano, nos deseó buenas noches y se fue sin pedir nada. Esa noche pensé mucho sobre lo que pasó y a partir de ese día intenté no tener esos pensamientos cargados de prejuicios que a veces, aunque no queramos, nos vienen a la cabeza.

Todas mis vivencias y mis aventuras las disfruto más teniendo un buen seguro de viaje. Es muy importante saber que estás asegurado ante cualquier imprevisto. Sobre todo por mi forma de viajar: haciendo autostop, durmiendo en tienda de campaña a menudo, haciendo trekings y disfrutando de la naturaleza…Si tienes dudas sobre qué seguro de viaje escoger, te recomiendo Chapka. Uno de los más fiables y a buen precio. Además tiene diferentes tipos dependiendo de tu situación y tu tipo de viaje:

Tengo la sensación que estos meses viajando equivalen a toda una vida. Este año gané, sufrí, perdí, reí, lloré, me sentí solo en algún momento pero bien acompañado en muchos otros, conocí la libertad, probé cosas nuevas, me enamoré, aprendí, VIVÍ. ¿Qué más puedo pedir? 

El hecho de viajar sin muchos planes, te da la posibilidad de abrazar la improvisación y aprovechar cualquier oportunidad que se te presente. Tú eres el único dueño de tus decisiones, de tu viaje. Así fue como decidí venirme a Australia, cambiando mis planes y creando nuevos. Me vine porque vale más arrepentirse de algo que hiciste y no salió bien, que no de algo que nunca intentaste, preguntándote siempre qué podría haber sido. Pero aunque las cosas no hayan salido como yo esperaba, tengo cero arrepentimientos. Me dejé llevar y nunca perdí, solo aprendí. Me siento muy afortunado de haber tenido la suerte de vivir una historia como la que viví.

Ahora me encuentro en Melbourne, trabajando en trabajos que nunca pensé que haría. Supongo que esto también es una lección de humildad. No sé cuánto tiempo me quedaré, pero quiero aprovechar para viajar por este lado del mundo también. Y esto vendrá pronto, muy pronto. Tengo ganas de salir a la carretera otra vez con mi mochila y la tienda de campaña. Por otro lado, el proyecto sigue en stand by, parado, pero continuará en el 2020 en América Latina. ¡Espero que me acompañes!

Si quieres apoyarme en mi proyecto te agradeceré enormemente si pones tu granito de arena. Lo puedes hacer en el siguiente enlace. El 100% de las donaciones van destinadas a la compra de materiales para las ONG. Los fondos que aun me quedan más lo recaudado a partir de ahora, lo destinaré a proyectos en América Latina para el 2020.

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