Sapa O’Chau y Little Yen’s Homestay: dos pequeños grandes proyectos en Vietnam

Hoy llegué a Hanói después de una noche movidita en un bus nocturno. Si vas a Vietnam es una experiencia que tienes que probar. Aún no sé por qué me han obligado a cambiar de bus en plena noche, y tampoco ha sido agradable que me dejaran en las afueras de la ciudad a las 4 de la mañana cuando me dijeron que me dejarían en el barrio antiguo (Old Quarter), donde están la mayoría de hostales. Pero esto ya es parte de la aventura…a estas alturas parece que nada me sorprenda. Con tiempo, siempre mejor autostop!

Han sido casi 8 meses ya, y es hora de decir adiós a Asia. ¿Cómo me siento? Creo que no puedo responder a esto con una sola frase. Hay alguna palabra que aglutine los sentimientos de felicidad, excitación, melancolía, ilusión, nervios, pena, a la vez? Si la encuentras, por favor, házmelo saber.

Vietnam ha sido el último país de mi viaje por Asia. Me dejé para el final el que decían era el mejor. Aunque si soy sincero, no ha sido mi preferido. Al final no es tanto lo que puede ofrecer el país, sino las experiencias que vives y las personas que conoces en cada sitio al que vas. Además, supongo que mi cabeza estaba en dos sitios a la vez. En tres mejor dicho…Pero nadie puede no enamorarse de los paisajes que ofrece este país. Los últimos 10 días han sido especialmente impresionantes.

En Vietnam tuve la suerte de encontrar dos pequeños proyectos educativos y creados por gente local. Dos mujeres de la etnia Hmong con una gran implicación en su comunidad.

En Sapa, una localidad en las montañas al norte de Vietnam, conocida por sus terrazas de arroz, visité la organización Sapa O’Chau. Me recibió Shu Tan, una mujer Hmong que convirtió su sueño en realidad: creó la primera empresa social de Sapa y que ayuda enormemente a las etnias minoritarias de la región.

Sapa O’Chau ha creado una escuela para dar educación en inglés a niños y niñas de familias que no pueden hacerse cargo de los gastos o que tienen un difícil acceso a un colegio (algunos andan quilómetros para poder estudiar). En el colegio acogen y dan clases a unos 70 jóvenes, algunos acuden también al instituto y otros ya han terminado secundaria y solo asisten a las clases de inglés.

La infancia de Shu Tan fue como la de muchos otros niños de las zonas rurales. En su caso, se vio obligada a vender souvenirs a los turistas para poder ayudar económicamente a su familia. Esta dura experiencia le dio fuerzas para salir adelante, aprender inglés y poder luchar por un futuro mejor. Me reuní al llegar a Sapa con Shu y me contó un poco su historia y la de la organización. Es admirable lo que han construido. Se interesó mucho por mi proyecto y fue inmensamente amable conmigo, invitándome a desayunar y ofreciéndome dar una charla a los jóvenes de la escuela para explicar mi viaje. Acepté sin dudarlo.

Había conocido este proyecto gracias a la chica que llevaba el hostal donde me hospedé en Hoi An, a la que le conté sobre mi proyecto. Ella era de Sapa, y conocía a Sapa O’Chau. Muchas veces los proyectos más interesantes los descubro una vez en el terreno y hablando con la gente local.

El lunes fui al colegio y presenté mi proyecto a los más mayores. Chicas y chicos que ya han terminado el instituto y ahora sueñan con emprender su negocio o convertirse en guías oficiales en inglés. El interés que mostraron durante toda la mañana que estuve allí y la motivación que reflejaban en sus ojos me impresionó. Al final pude responder algunas de sus dudas y escuchar bonitas palabras hacia mi persona. Salí cargado de energía. Al mediodía fui a comprar material escolar con Miss Sunshine, la persona encargada de la escuela y que gestiona los voluntarios. Compramos libretas, bolígrafos, hojas de papel, rotuladores de pizarra, tizas, despertadores…entre otras cosas. En total me gaste casi 100€:

También tuve la suerte de asistir a una de las clases de los voluntarios. Ahora mismo hay una pareja de Sudafrica, Jim y Deborah, que ya retirados decidieron emprender un viaje haciendo voluntariados por el mundo. Mucha admiración hacia ellos. También hay una chica argentina, Denise, una comunicadora y facilitadora que acababa de llegar y la cual está también emprendiendo un viaje solidario, formándose y haciendo voluntariados a la vez.

Gracias a Shu Tan, descubrí el proyecto de una mujer de Mèo Vac, una localidad cerca de la frontera con China y en una de las paradas obligatorias de la famosa ruta en moto del norte de Vietnam, el “Hagiang loop”. Yen, una mujer también perteneciente a la etnia Hmong, abrió un hostal hace unos años para los viajeros que paraban en la ruta. Pero además, con su negocio está muy implicada en ayudar a su comunidad y especialmente a los niños. Yen ha conseguido ofrecer educación en inglés a unos 30 niños y niñas del pueblo gracias a la ayuda de voluntarios. Ella más que nadie sabe de la importancia de aprender inglés para el futuro de estos niños y niñas. Además acoge a unos cuantos en su Homestay.

Ahora mismo hay una voluntaria alemana que da clases a los niños. Hablando con ella me contaba de la dificultad de dar clase ya que hay niños que no vienen regularmente y eso hace imposible que puedan seguir el ritmo de los otros. Tienen que encontrar alguna forma de hacerles ver a sus familias que sus opciones de futuro dependen de su educación. Con lo que sí pude ayudar fue comprando material escolar que necesitaban urgentemente. Compré unos juegos y libros educativos en inglés para que los voluntarios pudieran dar clases más fácilmente y tuvieran buen material. Los compré en Hagiang, en el principio de la ruta en moto, y los cargué hasta llegar a Mèovac el tercer día, ya que en el pueblo no se encuentran estos libros. Una vez allí aproveché para comprar también libretas, bolis, tijeras, papel de colores y pegamento. En total me gasté 76€

Poco a poco estoy seguro que este proyecto va a ir consolidándose y ojalá en unos 2 o 3 años Yen pueda contarme que hay muchos más niños y niñas en el colegio.

Si quieres apoyarme en mi proyecto y seguir leyendo historias como esta, te agradeceré enormemente si pones tu granito de arena. Lo puedes hacer en el siguiente enlace. El 100% de las donaciones van destinadas a la compra de materiales para las ONG:

Me quedan tres días para disfrutar de Hanói antes de coger el vuelo que me llevará de vuelta a casa. Por mi cabeza pasan muchas cosas. Mentiría si dijese que no tengo ganas de volver y ver a amigos y familia. Olvidarme del fried rice y los noddles de una vez. Comer sano y disfrutar de nuestra comida. Dormir en la misma cama por más de una semana. Disfrutar de todo lo conocido.

Pero mi cabeza también empieza a pensar en lo que vendrá, que es muy emocionante y me muero por vivirlo. Ya os contaré mis planes más adelante, ahora toca disfrutar de casita!

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