¡Hola mochiler@!

Me llamo Joel y tengo 28 años. Nací y crecí en Lleida, una ciudad cuyo plato típico son los caracoles (¡sí, los caracoles!).

En el puente Vecchio (Florencia). Sí, sabía que me estaban sacando una foto...

De pequeño pasaba la mayor parte del tiempo con una pelota de futbol y cuando me cansaba, soñaba con tribus de África, animales salvajes o selvas exóticas. Tuve la suerte de crecer en una familia a la que le gustaba la naturaleza y las escapadas de fin de semana. Recuerdo esos momentos en los Pirineos, con solo 4 o 5 años escalando, subiendo a la cima de un pico o durmiendo en una tienda de campaña en medio de la montaña. Supongo que ahí, en esos instantes, se encendió mi llama aventurera.

Siempre he tenido dos pasiones: el fútbol y viajar. A los 21 años, mi deseo de salir de mi ciudad y ver mundo, pesó más que mi vida futbolera. Así es como terminé estudiando en la universidad de Barcelona y soñando con irme al extranjero. Me fascinaba conocer a gente de otros países y entrar en contacto con otras culturas. Así, conseguí una plaza para hacer un Erasmus en la universidad Corvinus de Budapest, donde pasé unos meses que me marcaron para siempre. Allí conocí amigos de por vida, ensanché mi mente, mejoré mi inglés, aprendí a decir “chín-chín” en 9 lenguas y por qué negarlo, salí de fiesta más que estudié.

Volví sabiendo que lo que había vivido no era la vida real y la burbuja Erasmus reventó en mi cara como si de un chicle de realidad se tratara. Después de un año de prácticas en Barcelona, me fui a Francia sin muchos planes, con la idea de mejorar mi francés y buscarme la vida. Gracias a eso, volví 3 años después hablando otro idioma y con un trabajo que me ha permitido ahorrar para conseguir uno de mis sueños: dar la vuelta al mundo con una mochila y sin billete de vuelta.

En la mezquita Agha Bozorg en Kashan, Irán

Cuando miro hacia atrás y analizo mi recorrido en este mundo, me doy cuenta que todas las decisiones importantes que he tomado han salido de mi interior, de mi instinto y de mi “yo” queriendo perseguir mis sueños o lo que en ese momento me inspiraba y motivaba. Uno de mis mayores miedos es envejecer y darme cuenta que no hice eso que siempre había deseado. Vivo, por lo tanto, con una idea muy presente en todo momento: vale más arrepentirse de algo que has hecho y no ha salido bien, que arrepentirse de no haberlo intentado. Es por eso que hoy también escucho mi propia voz y esta me dice que es el momento de emprender este viaje porque así lo siento y nadie decide mi vida por mi.

Según el famoso test de Myers-Briggs (que os recomiendo hacer) soy un Mediador, es decir el tipo de personalidad INFP. Y quizá pensarás, ¿y qué importa eso? Pues mucho. Es gracias a ser como soy, que he trazado mi camino de una u otra forma. Dicen de nosotros – los mediadores – que somos idealistas, tranquilos, reservados…pero lo que destacaría es que nos guiamos por nuestros principios a la hora de avanzar. Es por eso, que quiero hacer de este viaje algo más que un checklist, quiero que tenga más propósito y llenarlo de alma. Creo que cuanto más ayudamos a los demás más felices somos. Somos (y ahora hablo de los humanos) sociales por naturaleza. Y eso quiero transmitir: que el altruismo, la solidaridad y las ganas de ayudar, no tienen fronteras ni colores. Por esta razón, mi viaje alrededor del mundo no significa solo cumplir un sueño, sino también llenarlo de propósito: que el proyecto solidario tenga éxito.

Descubriendo la isla de Tailandia Koh Kut en moto

Ahora que ya me has conocido un poquito más…¿me acompañas en este viaje?

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